miércoles, 21 de octubre de 2020

FEMINISMO RADICAL

 

“Te reto a que hagas una prueba. Di que eres feminista (o aliado del feminismo, si eres hombre) en cualquier entorno social y, en el mejor de los casos, tendrás que soportar alguna cara de desaprobación. Si se sienten con confianza, te dirán que eres radical. Feminismo es una palabra que incomoda, que muchas mujeres con conciencia, justicia social y actitudes feministas se niegan a mencionar, incluso. Tenemos tan interiorizado el sometimiento que nosotras mismas somos censoras y boicoteadoras de nuestra propia lucha. Me temo que este es uno de los muchos triunfos del patriarcado”[1]

 

Si ser feminista radical es defender que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres; si ser feminista radical es establecer que las mujeres son demandantes de su propia vida; o, observar y sentirse ofendida porque el lenguaje se construya siempre en masculino, por la cosificación de las mujeres, por los abusos de poder…; si ser feminista radical es exigir eliminar la opresión del patriarcado, así como los estereotipos y las agresiones sexuales y, como la violencia sobre las mujeres; tengo buenas noticas: soy feminista radical.

 



 

Sin embargo, aunque se normalice la utilización de la palabra radical como algo peyorativo; radical significa, según la RAE, “perteneciente o relativo a la raíz” o también “fundamental o esencial”[2]. Fundamental es educar en feminismo a la sociedad, para terminar con este tipo de opresión.

 

“Los motivos que llevan a un hombre a asesinar a una mujer se gestan durante su infancia y adolescencia: un niño no nace machista, la sociedad en la que vivimos lo configura como tal.

Un adulto machista no se crea de la noche a la mañana, son muchos años de detalles, a veces inapreciables, los que van formando su mentalidad: asumir que el color rosa es una cosa de chicas es el comienzo de una mentalidad cerrada a los estereotipos de género, y de ahí se pasa a pensar que el sexo femenino no puede jugar con camiones, o al fútbol, porque son más débiles, se asume que las chicas no son buenas en matemáticas, que son menos inteligentes, que tienen capacidades inferiores o diferentes, que son más sumisas, que se ocupan de los cuidados y de la casa, que tienen que ser dóciles, que tienen que ser precavidas con su sexualidad, que tienen que ser coquetas y preocuparse por su aspecto físico, que tienen que ser controladas, piropeadas, enseñadas y deben tener cuidado…, hasta que un día te has convertido en un hombre machista y en una mujer sometida que asume el patriarcado.”[3]

 

Rita Segato define la historia de la burocracia como la historia del patriarcado, así lo hace también con la historia del estado, explicando que la historia del patriarcado es el “ADN del estado”. La perspectiva de la colonialidad será quien nos permita entender las relaciones de género. El orden jerárquico de género procede de las normas culturales, nos encontramos ante normalidad que Rita define como “inalcanzable” para el pensamiento crítico.[4]

 

                “[…] el término “cultura” a pesar de tener un aspecto que parece servir al proyecto de la autodefensa de los pueblos, encierra también, como dije, ciertas trampas, pues tiende al culturalismo, que es sinónimo de fundamentalismo. Lo importante es entender que todos los pueblos, todas las sociedades, se encuentran en el fluir del tiempo, es decir, en un constante proceso de abandono, invención o préstamo de costumbres.[5] […] Las mujeres somos empujadas al papel de objeto, disponible y desechable, ya que la organización corporativa de la masculinidad conduce a los hombres a la obediencia incondicional hacia sus pares –y también opresores-, y encuentra en aquéllas las víctimas a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mando y expropiaciones.”[6]

 

https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=dFMk0sEPzuE&has_verified=1

[1] Marañón, Iria. Educar en el Feminismo. Plataforma Editorial. Barcelona. 2018. Páginas 16 y 17.

[2] Radical https://dle.rae.es/radical [21/10/2020]

[3] Marañón, Iria. Educar en el Feminismo. Plataforma Editorial. Barcelona. 2018. Páginas 23-24.

[4] Segato, Rita. Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo libros. Buenos Aires. 2018Páginas 13-29

[5] Op. Cit.Página 29

[6] Op. Cit. Página 15

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