martes, 15 de septiembre de 2020

Los animales en la naturaleza, ¿lucha por la existencia o apoyo mutuo?

 

La conocida idea, introducida por Darwin y Wallace, de la lucha por la existencia como factor de la evolución, ha llegado a convertirse en la base de todas nuestras teorías fisiológicas, biológicas y sociales[1]. Sin embargo, “¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por el contrario, aquellos que se apoyan mutuamente?”[2]

                Darwin en su obra El origen del hombre mostraría que, en innumerables sociedades animales, dicha lucha es reemplazada por la cooperación. La cooperación será quien nos conduzca al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, asegurándonos mejores oportunidades para sobrevivir y perpetuar. Señalo también, que no son más aptos, entonces, aquellos físicamente más fuertes o hábiles; sino aquellos que más se unen y apoyan los unos a los otros. ¡Qué casualidad que estas observaciones pasaran inadvertidas! La mayoría de los seguidores de Darwin, llevaron la idea de la lucha por la existencia a sus límites más estrechos:

“Empezaron a representar el mundo de los animales como un cúmulo de luchas ininterrumpidas entre seres eternamente hambrientos y ávidos de la sangre de sus semejantes […] Elevaron por propia comodidad la lucha sin cuartel a la altura de principio biológico al cual el hombre debe subordinarse o de los contrario sucumbirá en este mundo basado en el exterminio mutuo”[3]

                Kropotkin nos muestra como los animales que practican el apoyo mutuo resultan los más aptos, teniendo más posibilidades de sobrevivir tanto individual, como colectivamente; y alcanzando el más alto grado de desarrollo mental y de organización física. Según nos explica Kropotkin, la ayuda mutua como factor de la evolución (como condición de desarrollo general) tiene mayor importancia porque “facilita el desarrollo de las costumbres y caracteres que aseguran el sostenimiento y el desarrollo máximo de la especie junto con el máximo bienestar y goce de la vida para cada individuo y, al mismo tiempo, con el mínimo de desgaste inútil de energías y fuerzas.”[4]

                Algo que podría sorprendernos, sería entender que, en las regiones escasamente habitadas por el ser humano, hay más abundancia de casos de ayuda mutua por parte de los animales. “En gran cantidad de subdivisiones del reino animal, la ayuda mutua es la regla general”.[5] Si nos ayudamos de Forel para poner el ejemplo de las hormigas, veremos que, las hormigas están obligadas a compartir su alimento entre ellas:

                “Pero dos hormigas pertenecientes al mismo hormiguero, o a la misma colonia de hormigueros, siempre que se aproximan, cambian algunos movimientos de antena y si una de ellas está hambrienta o siente sed, y muy especialmente si en ese momento la otra tiene el estómago lleno, inmediatamente le pide alimento. La hormiga a la cual se dirigió la demanda nunca rehúsa: separa sus mandíbulas, y situando a su cuerpo en la posición conveniente deja escapar una gota de líquido transparente que la hormiga hambrienta sorbe. La devolución de alimentos para nutrir a otros es un rasgo tan importante de la vida de la hormiga (en libertad) […] Si una hormiga con el estómago lleno se mostrase tan egoísta que rehusara alimento a una camarada, sería tratada como una enemiga o algo peor.”[6]

                Hay especies que cuyos miembros llevan una vida solitaria en regiones densamente pobladas, mientras que esas mismas especies viven en rebaños en lugares no habitados por el ser humano. Kropoktin nos describirá a los “más aptos” como a los animales más sociables, reconociendo la sociabilidad como el factor principal de la evolución progresiva. La vida es lucha, dirá este autor, pero no como la propuesta por Darwin en el origen de las especies, donde plantea la verdadera competencia, la lucha dentro de cada grupo animal. A Darwin y, a los demás naturalistas, les preocupaba el problema de ausencia de las formas intermedias, planteando Darwin como solución la idea del exterminio. Como Wallace mostró en un párrafo sobre la divergencia de los caracteres, “el principio de la nueva variedad puede ser la formación de nuevas costumbres, la migración a nuevos lugares de residencia y la transición a nuevas formas de alimentación.”[7] Como dirá Kropotkin, en estos casos no ocurre ningún exterminio y tampoco competencia, sirviendo la nueva adaptación para “suavizar la competencia allí donde existiese”.

                “Pero si la evolución del mundo animal estuviera basada exclusivamente, o aun preferentemente, en la supervivencia de los más aptos en periodos de calamidades, si la selección natural estuviera limitada en su acción a los periodos de sequía excepcional, cambios bruscos de temperatura o inundaciones, entonces la regla general en el mundo animal sería la regresión y no el progreso. […] Por fortuna, la competencia no es la regla general ni en el mundo animal ni en la humanidad. Se limita, entre los animales, a periodos excepcionales. […] La ayuda y el apoyo mutuos crean mejores condiciones para la selección progresiva por medio de la eliminación de la competencia.”[8]

                


“¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua! Es el medio más justo para garantizar la seguridad máxima tanto para cada uno en particular como para todos en general; es la mejor garantía para la existencia y el progreso físico, intelectual y moral”[9]



[1] Kropotkin, Piotr. El apoyo mutuo. Un factor de la evolución. Pepitas ed. Logroño. 2020. Páginas 29-111.

[2] Op. Cit. Página 34.

[3] Op. Cit. Página 32.

[4] Op. Cit. Página 34-35.

[5] Op. Cit. Página 38.

[6] Op. Cit. Páginas 41-42.

[7] Op. Cit. Página 99.

[8] Op. Cit. Páginas 108-109.

[9] Op. Cit. Página 111.

Páginas vistas en total

Follow by Email