jueves, 20 de agosto de 2020

La Conciencia Feliz (mente) alienada

 “La Conciencia Feliz –o sea, la creencia de que lo real es racional y que el sistema entrega lo bienes- refleja un nuevo conformismo que se presenta como una faceta de la racionalidad tecnológica y se traduce en una forma de conducta social.  […] Vivimos y morimos racional y productivamente. Sabemos que la destrucción es el precio del progreso, como la muerte es el precio de la vida, que la renuncia y el esfuerzo son los prerrequisitos para la gratificación y el placer, que los negocios deben ir adelante y que las alternativas son utópicas. Esta ideología pertenece al aparato social establecido; es un requisito para su continuo funcionamiento y es parte de su racionalidad.” [1]

               

                Cuando Marcuse escribe en el año 1964 El hombre unidimensional, ha estudiado en profundidad la obra de autores como Hegel, Marx y Freud; y se dispone a profundizar en las formas de alienación en las sociedades capitalistas avanzadas.[2] Marcuse nos detalla que los medios de comunicación nos venden los intereses particulares como si fuesen los de todos los seres humanos, presentándolo como la personificación de la Razón. El sistema impone sus exigencias políticas y económicas y nos influye no solamente en el tiempo de trabajo, sino también en el tiempo libre.

                Marcuse aclara, que no es únicamente totalitaria una sociedad cuya coordinación es terrorista, también lo es una coordinación técnico-económica no-terrorista que se basa en la manipulación de necesidades a través de intereses creados.[3]

               

                “Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos útiles son asequibles a más individuos en más clases sociales, el adoctrinamiento que llevan a cabo deja de ser publicidad; se convierten en modo de vida.”[4]

 

                El sistema en el que estamos insertos hace que olvidemos nuestras verdaderas necesidades, somos manipulados en todas las esferas de la vida; y sometidos creemos vivir conforme a nuestros intereses. La oposición no existe y, la intención de buscar alternativas queda reducida a bellas palabras de imposible realización. Sin embargo, esto no nos preocupa, mientras podamos seguir consumiendo y satisfaciendo falsas e impuestas necesidades.

 

                “la destrucción de los recursos naturales y la proliferación del despilfarro es una prueba de su opulencia y de los “altos niveles de bienestar”. “¡La comunidad está demasiado satisfecha para preocuparse””[5]

 

                La característica que se ha convertido en habitual en la comunicación, es su carácter hipnótico. Vivimos sometidos bajo sugestivas órdenes, caracterizadas por la familiaridad de la repetición constante.[6] Como lo bueno y lo bello, la paz y la justicia, no pueden deducirse de condiciones ontológicas o científico-racionales, no permiten para ellas pedir validez lógica y realización universal.[7] Para poder a llegar a ser lo que realmente es, la sociedad debe ser comprendida, transformada e incluso subvertida.[8]



[1] Marcuse, Herbert. El hombre unidimensional. Ed. Austral. Barcelona. 2020. Páginas 113 y 162.

[2] López Sáenz, Mª Carmen. Corrientes actuales de la Filosofía I. En-clave fenomenológica. Ed. Dykinson. Madrid. 2016. Página 629.

[3] Marcuse, Herbert. El hombre unidimensional. Ed. Austral. Barcelona. 2020. Páginas 31-43.

[4] Op. Cit. Página 50.

[5] Op. Cit. Página 114

[6] Op. Cit. Páginas 119- 120.

[7] Op. Cit. Página 164

[8] Op. Cit. Página 143

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