domingo, 24 de enero de 2021

EL PELIGRO DE LA CULTURA

 



[1]

                Comúnmente se tiende a enfatizar los valores de la cultura imperante en cada sociedad, ¿debemos temer a aquella a la que adoramos? ¿debemos adorar a aquella que nos oprime? ¿por qué podemos afirmar rotundamente que así lo hace?

                Para empezar, podríamos decir que la realización personal de cada potencialidad debería ser lo más importante, pero ¿dentro o fuera de los límites establecidos en cada cultura? Me refiero a lo que yo pueda llegar a ser, o a lo que la cultura predominante me dice que debo ser.

                No solamente eso, como animales sociales necesitamos el contacto con los/as demás, ¿depende también nuestra forma de relacionarnos con cómo nos han adoctrinado en cada lugar? ¿puede una relación ser sana, si es impuesta la forma de vivirla y sentirla? En nuestra sociedad, concretamente, donde predomina la competitividad y la avaricia, ¿no nos faltará algo, que nos impida tener relaciones con las demás personas y los demás animales de manera saludable?

                Por otra parte, si nuestras creencias están moldeadas, en esta, nuestra cultura capitalista, en la que se da más valor al tener que al ser, ¿podemos negar que, aunque fuera solamente eso lo que nuestra cultura nos dicta, es un modo de opresión?

                Como consecuencia, el arte, que podría ser la manifestación más profunda de nuestro ser, también esta corrompido, reduciéndose a lo comprable y lo vendible, nos dificulta la comprensión de la realidad por ser reducido culturalmente a mercancías a manos de mecenas sin escrúpulos.

                Al depender el conocimiento que adquiramos de los patrones culturales, también es éste deformado y limitado; así como nuestros hábitos y capacidades. No solo nos “dejamos” manipular, sino que ensalzamos esos valores. En una sociedad en la que la figura de Dios pierde peso, ahora, lejos de decir que el nuevo Dios es el dinero, podemos afirmar que lo es la cultura; que reduce cualquier tipo de manifestación a una expresión económica, y que llega a moldear hasta nuestros sueños, convirtiéndolos en ajenos, cuando deberían provenir de nuestra individualidad real y no deformada.

                Afortunadamente la cultura no tiene por qué ser estática, sino que podría ser dinámica y encontrarse en continuo movimiento, en busca de un equilibrio constante que no se reduzca a la obediencia ciega. Dependerá del uso que le demos a la Filosofía, seamos o no expertos en ella (lo que no considero necesario, sino algo innato que es ejercitable). Dependerá del uso que hagamos de un pensamiento crítico, que ni la cultura, ni los patrones establecidos nos enseñarán. Por eso es importante cuestionarse todo cuanto sea posible, especialmente las relaciones de poder; para evitar, en la medida de lo posible, que deformen nuestra existencia. Para poder vivir, y elegir, mientras estemos vivas.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Colaboraciones con Microfilosofía, revista de filosofía: historia y pensamiento

Cómo encontrar tu propósito en la vida
https://www.microfilosofia.com/2020/12/como-encontrar-tu-proposito-en-la-vida.html?m=1



Sobre la verdad y la desobediencia
https://www.microfilosofia.com/2020/11/sobre-la-verdad-y-la-desobediencia.html?m=1&s=09



ELOGIO AL BOICOT
https://www.microfilosofia.com/2020/09/elogio-al-boicot.html



El cuerdismo en una sociedad enferma

https://www.microfilosofia.com/2020/07/el-cuerdismo-en-una-sociedad-enferma.html



La tiranía del especismo

https://www.microfilosofia.com/2020/07/la-tirania-del-especismo.html



El pensamiento transhumanista

https://www.microfilosofia.com/2020/07/el-pensamiento-transhumanista.html

jueves, 12 de noviembre de 2020

Alexandra David Néel. Elogio a la vida



"Según se dice la libertad individual produciría un espantoso caos. ¿Será, pues, caótico el universo?"

https://youtu.be/a8sz7TbfzIo

viernes, 23 de octubre de 2020

OPRIMIDAS Y OPRESORAS

 


 


[1]

                Nacemos sometidas, nos agujerean las orejas y nos visten de rosa porque es “el color de las mujeres”, que deberán ser delicadas y dóciles. Asumiremos, insertas en la cultura patriarcal, que somos inferiores a los hombres, y superiores al resto de animales; y actuaremos en consecuencia. Ser una mujer objeto será una de nuestras características, normalizada en los medios de comunicación. El sexo para nosotras será un tabú, mientras que la pornografía y la prostitución dominarán la sociedad. Jugaremos a “cosas de chicas”: cocinitas, plancha, limpieza, bebés… Mientras que los niños serán superhéroes, y cuando crezcan serán la autoridad. Comenzaremos cediendo el espacio, mientras jugamos, a los niños. “Sus” juegos son más importantes (fútbol…) nosotras podremos jugar a ser mamás en una esquina. Hablaremos en masculino para referirnos a todxs, y no nos ofenderemos por ello, ya que es algo “natural”. Si algún día crecemos y nos preocupamos por la libertad, leeremos en los libros cosas que empiecen diciendo “la libertad de los hombres” para, supuestamente, referirse al conjunto de la población.

                Estudiaremos religión, en vez de antropología. Y aunque no la estudiemos estará interiorizada en las pautas culturales: seremos “malas” por morder la manzana, pero no por comer animales que han vivido hacinados, que han sido maltratados y que, finalmente, han sido asesinados.

                Todxs vivimos inmersos en la sumisión, pero también dentro de ella se es opresxr. Nosotras, por norma general, seremos opresoras y oprimidas. Oprimidas por los hombres, que a su vez son oprimidos por las normas y la cultura, y se creerán con el “derecho” a cometer abusos de poder en cualquiera de sus formas. Ni calladitas estamos más guapas, ni hemos pedido opinión sobre nuestros cuerpos. Cuerpos que, por otra parte, son deformados y amoldados para que se parezcan a uno de nuestros juguetes “preferidos”: la Barbie. Sin pelos, sin arrugas, sin ojeras, sin canas; eso se supone que es una mujer, más que un ser vivo que envejece con el tiempo, un adorno que decora relaciones basadas en la dependencia emocional causada por la baja autoestima, al no reconocernos, y la sumisión.

                Al mismo tiempo nos enseñarán a ser opresoras del resto de animales: comeremos carne y huevos, y beberemos leche porque “siempre se ha hecho así” y “los animales son seres inferiores que no sienten o experimentan dolor”; de modo que también utilizaremos productos (cuando más “mejor”) testados en animales, nos vestiremos con sus pieles, y nos creeremos con derecho a comprarlos y utilizarnos como compañía.


[2]

                Y, así, pasará la vida: ni viviremos ni dejaremos vivir; ni disfrutaremos de la vida, ni permitiremos disfrutarla al resto de animales. Con suerte, alguna dejará de comer animales, pero seguirá consumiendo huevos y leche, olvidándose de sus hermanas, que son tratadas como máquinas expendedoras, violadas y explotadas. Estamos tan acostumbradxs a los abusos de poder, que cualquiera de ellos nos parece “poca cosa”, y seguimos colaborando…

Pasarán los años y conoceremos a mujeres (o incluso nosotras mismas) que habrán sufrido violaciones, acosos, maltratos, vejaciones… y en vez de verlo como un problema social, será algo normal. Y la espiral seguirá creciendo, estando cada vez más encerradas dentro de ella, y encerrando más a las demás, humanas y no humanas.

                Todxs tenemos una vida (humanxs y no humanxs) y es para vivirla, no para estar hacinadxs, no para estar sometidxs y sometiendo, no para morir sin haber vivido.



[1] https://www.facebook.com/PanyRebeldia/photos/a.170189293353451/802638170108557/?type=3

[2] https://twitter.com/veganoyo/status/1104018967549624321

miércoles, 21 de octubre de 2020

FEMINISMO RADICAL

 

“Te reto a que hagas una prueba. Di que eres feminista (o aliado del feminismo, si eres hombre) en cualquier entorno social y, en el mejor de los casos, tendrás que soportar alguna cara de desaprobación. Si se sienten con confianza, te dirán que eres radical. Feminismo es una palabra que incomoda, que muchas mujeres con conciencia, justicia social y actitudes feministas se niegan a mencionar, incluso. Tenemos tan interiorizado el sometimiento que nosotras mismas somos censoras y boicoteadoras de nuestra propia lucha. Me temo que este es uno de los muchos triunfos del patriarcado”[1]

 

Si ser feminista radical es defender que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres; si ser feminista radical es establecer que las mujeres son demandantes de su propia vida; o, observar y sentirse ofendida porque el lenguaje se construya siempre en masculino, por la cosificación de las mujeres, por los abusos de poder…; si ser feminista radical es exigir eliminar la opresión del patriarcado, así como los estereotipos y las agresiones sexuales y, como la violencia sobre las mujeres; tengo buenas noticas: soy feminista radical.

 



 

Sin embargo, aunque se normalice la utilización de la palabra radical como algo peyorativo; radical significa, según la RAE, “perteneciente o relativo a la raíz” o también “fundamental o esencial”[2]. Fundamental es educar en feminismo a la sociedad, para terminar con este tipo de opresión.

 

“Los motivos que llevan a un hombre a asesinar a una mujer se gestan durante su infancia y adolescencia: un niño no nace machista, la sociedad en la que vivimos lo configura como tal.

Un adulto machista no se crea de la noche a la mañana, son muchos años de detalles, a veces inapreciables, los que van formando su mentalidad: asumir que el color rosa es una cosa de chicas es el comienzo de una mentalidad cerrada a los estereotipos de género, y de ahí se pasa a pensar que el sexo femenino no puede jugar con camiones, o al fútbol, porque son más débiles, se asume que las chicas no son buenas en matemáticas, que son menos inteligentes, que tienen capacidades inferiores o diferentes, que son más sumisas, que se ocupan de los cuidados y de la casa, que tienen que ser dóciles, que tienen que ser precavidas con su sexualidad, que tienen que ser coquetas y preocuparse por su aspecto físico, que tienen que ser controladas, piropeadas, enseñadas y deben tener cuidado…, hasta que un día te has convertido en un hombre machista y en una mujer sometida que asume el patriarcado.”[3]

 

Rita Segato define la historia de la burocracia como la historia del patriarcado, así lo hace también con la historia del estado, explicando que la historia del patriarcado es el “ADN del estado”. La perspectiva de la colonialidad será quien nos permita entender las relaciones de género. El orden jerárquico de género procede de las normas culturales, nos encontramos ante normalidad que Rita define como “inalcanzable” para el pensamiento crítico.[4]

 

                “[…] el término “cultura” a pesar de tener un aspecto que parece servir al proyecto de la autodefensa de los pueblos, encierra también, como dije, ciertas trampas, pues tiende al culturalismo, que es sinónimo de fundamentalismo. Lo importante es entender que todos los pueblos, todas las sociedades, se encuentran en el fluir del tiempo, es decir, en un constante proceso de abandono, invención o préstamo de costumbres.[5] […] Las mujeres somos empujadas al papel de objeto, disponible y desechable, ya que la organización corporativa de la masculinidad conduce a los hombres a la obediencia incondicional hacia sus pares –y también opresores-, y encuentra en aquéllas las víctimas a mano para dar paso a la cadena ejemplarizante de mando y expropiaciones.”[6]

 

https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=dFMk0sEPzuE&has_verified=1

[1] Marañón, Iria. Educar en el Feminismo. Plataforma Editorial. Barcelona. 2018. Páginas 16 y 17.

[2] Radical https://dle.rae.es/radical [21/10/2020]

[3] Marañón, Iria. Educar en el Feminismo. Plataforma Editorial. Barcelona. 2018. Páginas 23-24.

[4] Segato, Rita. Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo libros. Buenos Aires. 2018Páginas 13-29

[5] Op. Cit.Página 29

[6] Op. Cit. Página 15

jueves, 15 de octubre de 2020

 

Una realidad lamentablemente frecuente y, a la vez, oculta o invisibilizada, es el abuso sexual a menores. Éste “se refiere a cualquier conducta sexual mantenida entre dos personas (al menos, una de ellas, menor) entre las que existe una situación de desigualdad –ya sea por razones de edad o de poder- y en la que el menor es utilizado para la estimulación sexual de otra persona.”[1]

En el año 2017, se ha registrado una denuncia por abuso o agresión sexual a menores cada tres horas, calculándose que sólo un 15% de los casos se denuncia. Un 90% de estos abusos son cometidos por hombres[2], y el 20% del abuso infantil está provocado por otros menores[3]; los agresores son, generalmente, varones de mediana edad y, frecuentemente, familiares o conocidos del niño/a.[4]

 

“Diversos estudios llevados a cabo por instituciones como el Consejo de Europa, expertos y asociaciones de defensa de los derechos de los menores calculan que en el ámbito internacional, entre el 15% y el 20% de los niños y niñas sufren algún tipo de abuso sexual antes de cumplir los 18 años. Uno de cada cinco.

Eso significa que muy probablemente usted conoce a niños o niñas que están siendo víctima de algún tipo de abuso o agresión sexual continuada. Están en su barrio, en el colegio de sus hijos, en su edificio o, quizás, en su propio círculo familiar o de amistades. Pero su sufrimiento permanece oculto y silenciado.”[5]

 

Las víctimas son con más frecuencia mujeres (58,9%, frente al 40,1%). No todos los abusos son iguales, ni afectan de la misma manera a la víctima.[6] Sin embargo, las problemáticas, a largo plazo, más frecuentes en víctimas de abuso sexual infantil son: problemas emocionales, de relación, de conducta y adaptación social, funcionales, sexuales, revictimización y transmisión intergeneracional[7]. Dentro de los problemas emocionales destacan trastornos depresivos y bipolares, la ansiedad, trastorno límite de personalidad; así como también conductas autodestructivas y conductas autolesivas (ideas suicidas, intentos de suicidio, baja autoestima). Por otra parte, un área de las que más suelen quedar afectadas, es la de las relaciones interpersonales (aislamiento, ansiedad social, etc) con un amplio desajuste en las relaciones de pareja y una evaluación negativa de ellas; así como dificultades en la crianza de los hijos. También se observan conductas antisociales y trastornos de conducta. Dentro de los problemas funcionales, se pueden ver dolores físicos sin razón médica que pueda justificarlos y trastornos de conducta alimentaria (especialmente bulimia nerviosa), entre otros.

 

“Otros estudios también han confirmado la frecuente presencia de problemas de tipo sexual en víctimas de abuso sexual infantil, como una sexualidad insatisfactoria y disfuncional, conductas de riesgo sexual (como el mantenimiento de relaciones sexuales sin protección, un número mayor de parejas y una mayor presencia de enfermedades de transmisión sexual y riesgo de VIH. Derivados de estos problemas de tipo sexual y, particularmente de las conductas sexuales promiscuas y del precoz inicio a la sexualidad que presentan las víctimas, destaca también la prostitución y la maternidad temprana.”[8]

 

Por su parte, la revictimización es una de las consecuencias más graves: “Por revictimización se entiende la experiencia posterior de violencia física y/o sexual en víctimas de abuso sexual infantil por agresores distintos al causante del abuso en la infancia.”[9]

Los primeros años de vida son cruciales, entre los 0 y los 3 años se sientan las bases de nuestro desarrollo posterior como individuos. Las experiencias que tengas los/as niños/as afectarán a su formación y, regirá y controlará las respuestas intelectuales, emocionales, psicológicas y físicas a los estímulos.[10]

Las consecuencias de la educación y la cultura hacen que se produzcan abusos de poder, entre ellos este, el abuso sexual a menores. Las cifras son escalofriantes y, aunque fueran menores, no dejaría de ser terrible. No se puede esperar más tiempo para frenar y acabar con este tipo de sociedad violenta y destructiva, así como tampoco debemos ocultar aquellas realidades que nos resultan incómodas, lo realmente incómodo es vivirlo. Debemos buscar una solución que supere las carencias educativas y culturales actuales.

 


[11]



[1] Echeburúa, Enrique; Guerricaechevarría, Cristina. Concepto, factores de riesgo y efectos psicopatológicos del abuso sexual infantil. [Este texto corresponde al capítulo 4 del libro “Violencia contra los niños” de José Sanmartín, Barcelona, Ariel, 3ª edición, 2005, pp 86-112] Página 1

[2] ABUSOS SEXUALES EN LA INFANCIA https://www.publico.es/sociedad/abusos-sexuales-infancia-tres-horas-denuncia-abuso-sexual-menor-espana-70-casos-llega-juicio.html[15/10/2020]

[3] Echeburúa, Enrique; Guerricaechevarría, Cristina. Concepto, factores de riesgo y efectos psicopatológicos del abuso sexual infantil. [Este texto corresponde al capítulo 4 del libro “Violencia contra los niños” de José Sanmartín, Barcelona, Ariel, 3ª edición, 2005, pp 86-112] Página 1

[4] Echeburúa, Enrique; Guerricaechevarría, Cristina. Concepto, factores de riesgo y efectos psicopatológicos del abuso sexual infantil. [Este texto corresponde al capítulo 4 del libro “Violencia contra los niños” de José Sanmartín, Barcelona, Ariel, 3ª edición, 2005, pp 86-112] Página 2

[5] ABUSOS SEXUALES EN LA INFANCIA https://www.publico.es/sociedad/abusos-sexuales-infancia-tres-horas-denuncia-abuso-sexual-menor-espana-70-casos-llega-juicio.html[15/10/2020]

[6] Echeburúa, Enrique; Guerricaechevarría, Cristina. Concepto, factores de riesgo y efectos psicopatológicos del abuso sexual infantil. [Este texto corresponde al capítulo 4 del libro “Violencia contra los niños” de José Sanmartín, Barcelona, Ariel, 3ª edición, 2005, pp 86-112] Páginas 1-2

[7] Pereda Beltran, Noemí. Consecuencias psicológicas a largo plazo del abuso sexual infantil. Papeles del Psicólogo, 2010. Vol. 31. Páginas 192-195.

[8] Op Cit. Página 194

[9] Op. Cit. Página 195

[10] LA RELEVANCIA DE LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA DEL NIÑO.

www.edu.xunta.gal › files › Estimulación+Temprana

 

[15/10/2020]

martes, 15 de septiembre de 2020

Los animales en la naturaleza, ¿lucha por la existencia o apoyo mutuo?

 

La conocida idea, introducida por Darwin y Wallace, de la lucha por la existencia como factor de la evolución, ha llegado a convertirse en la base de todas nuestras teorías fisiológicas, biológicas y sociales[1]. Sin embargo, “¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por el contrario, aquellos que se apoyan mutuamente?”[2]

                Darwin en su obra El origen del hombre mostraría que, en innumerables sociedades animales, dicha lucha es reemplazada por la cooperación. La cooperación será quien nos conduzca al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, asegurándonos mejores oportunidades para sobrevivir y perpetuar. Señalo también, que no son más aptos, entonces, aquellos físicamente más fuertes o hábiles; sino aquellos que más se unen y apoyan los unos a los otros. ¡Qué casualidad que estas observaciones pasaran inadvertidas! La mayoría de los seguidores de Darwin, llevaron la idea de la lucha por la existencia a sus límites más estrechos:

“Empezaron a representar el mundo de los animales como un cúmulo de luchas ininterrumpidas entre seres eternamente hambrientos y ávidos de la sangre de sus semejantes […] Elevaron por propia comodidad la lucha sin cuartel a la altura de principio biológico al cual el hombre debe subordinarse o de los contrario sucumbirá en este mundo basado en el exterminio mutuo”[3]

                Kropotkin nos muestra como los animales que practican el apoyo mutuo resultan los más aptos, teniendo más posibilidades de sobrevivir tanto individual, como colectivamente; y alcanzando el más alto grado de desarrollo mental y de organización física. Según nos explica Kropotkin, la ayuda mutua como factor de la evolución (como condición de desarrollo general) tiene mayor importancia porque “facilita el desarrollo de las costumbres y caracteres que aseguran el sostenimiento y el desarrollo máximo de la especie junto con el máximo bienestar y goce de la vida para cada individuo y, al mismo tiempo, con el mínimo de desgaste inútil de energías y fuerzas.”[4]

                Algo que podría sorprendernos, sería entender que, en las regiones escasamente habitadas por el ser humano, hay más abundancia de casos de ayuda mutua por parte de los animales. “En gran cantidad de subdivisiones del reino animal, la ayuda mutua es la regla general”.[5] Si nos ayudamos de Forel para poner el ejemplo de las hormigas, veremos que, las hormigas están obligadas a compartir su alimento entre ellas:

                “Pero dos hormigas pertenecientes al mismo hormiguero, o a la misma colonia de hormigueros, siempre que se aproximan, cambian algunos movimientos de antena y si una de ellas está hambrienta o siente sed, y muy especialmente si en ese momento la otra tiene el estómago lleno, inmediatamente le pide alimento. La hormiga a la cual se dirigió la demanda nunca rehúsa: separa sus mandíbulas, y situando a su cuerpo en la posición conveniente deja escapar una gota de líquido transparente que la hormiga hambrienta sorbe. La devolución de alimentos para nutrir a otros es un rasgo tan importante de la vida de la hormiga (en libertad) […] Si una hormiga con el estómago lleno se mostrase tan egoísta que rehusara alimento a una camarada, sería tratada como una enemiga o algo peor.”[6]

                Hay especies que cuyos miembros llevan una vida solitaria en regiones densamente pobladas, mientras que esas mismas especies viven en rebaños en lugares no habitados por el ser humano. Kropoktin nos describirá a los “más aptos” como a los animales más sociables, reconociendo la sociabilidad como el factor principal de la evolución progresiva. La vida es lucha, dirá este autor, pero no como la propuesta por Darwin en el origen de las especies, donde plantea la verdadera competencia, la lucha dentro de cada grupo animal. A Darwin y, a los demás naturalistas, les preocupaba el problema de ausencia de las formas intermedias, planteando Darwin como solución la idea del exterminio. Como Wallace mostró en un párrafo sobre la divergencia de los caracteres, “el principio de la nueva variedad puede ser la formación de nuevas costumbres, la migración a nuevos lugares de residencia y la transición a nuevas formas de alimentación.”[7] Como dirá Kropotkin, en estos casos no ocurre ningún exterminio y tampoco competencia, sirviendo la nueva adaptación para “suavizar la competencia allí donde existiese”.

                “Pero si la evolución del mundo animal estuviera basada exclusivamente, o aun preferentemente, en la supervivencia de los más aptos en periodos de calamidades, si la selección natural estuviera limitada en su acción a los periodos de sequía excepcional, cambios bruscos de temperatura o inundaciones, entonces la regla general en el mundo animal sería la regresión y no el progreso. […] Por fortuna, la competencia no es la regla general ni en el mundo animal ni en la humanidad. Se limita, entre los animales, a periodos excepcionales. […] La ayuda y el apoyo mutuos crean mejores condiciones para la selección progresiva por medio de la eliminación de la competencia.”[8]

                


“¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua! Es el medio más justo para garantizar la seguridad máxima tanto para cada uno en particular como para todos en general; es la mejor garantía para la existencia y el progreso físico, intelectual y moral”[9]



[1] Kropotkin, Piotr. El apoyo mutuo. Un factor de la evolución. Pepitas ed. Logroño. 2020. Páginas 29-111.

[2] Op. Cit. Página 34.

[3] Op. Cit. Página 32.

[4] Op. Cit. Página 34-35.

[5] Op. Cit. Página 38.

[6] Op. Cit. Páginas 41-42.

[7] Op. Cit. Página 99.

[8] Op. Cit. Páginas 108-109.

[9] Op. Cit. Página 111.

jueves, 20 de agosto de 2020

No querer colaborar

 

           




Cuando sientes que no hay partido político que te represente.

Cuando se venden armas como si fueran caramelos y se obliga a menores y a adultos a asesinar.

Cuando con tu consumo financias explotación y miseria humana y animal.

Cuando dedicarte a algo por vocación es prácticamente imposible.

Cuando la sumisión y el miedo dominan el mundo.

Cuando los estigmas y prejuicios dominan a la razón.

Cuando estudiar es un lujo y el trabajo una cárcel.

Cuando las relaciones están condicionadas por intereses y no movidas por la solidaridad.

Cuando ni tu cuerpo ni tu pensamiento son propios, teniendo que ajustarse a los criterios de normalidad.

Cuando pierdes la motivación porque han anulado tu creatividad.

Cuando las crisis económicas son estrategias, y las personales impotencia.

Cuando las etiquetas pretenden decirte quien eres.

Cuando opinar es un delito y la comunicación manipulación.

Cuando la violencia se aprende mejor que el abecedario.

Cuando no has elegido como vivir y, finalmente, te mueres.

Cuando la única salida que encuentran muchas personas es el suicidio.

Cuando te destruyes a ti misma y al planeta.

Cuando se llama plaga a otras vidas.

Cuando mueren personas en busca de un futuro mejor.

Cuando el amor es un negocio y no una realidad.

Cuando miramos a alguien y solo buscamos defectos.

Cuando competir es una norma y colaborar una excepción.

Cuando tiramos comida y alguien se muere de hambre.

Cuando la propiedad solo beneficia a unos pocos.

Cuando defendemos ideas que nos perjudican y formamos parte de lo que nos destruye.

Cuando preferimos una venda a una verdad incómoda.

Cuando somos cómplices de colaborar con el egoísmo.

Cuando la paz y el respeto son utopías.

Cuando pensamos que una utopía no puede hacerse realidad.

Cuando no estás conforme con todo esto y con más.

Cuando no quieres colaborar, ¿dónde te metes?

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