domingo, 24 de enero de 2021

EL PELIGRO DE LA CULTURA

 



[1]

                Comúnmente se tiende a enfatizar los valores de la cultura imperante en cada sociedad, ¿debemos temer a aquella a la que adoramos? ¿debemos adorar a aquella que nos oprime? ¿por qué podemos afirmar rotundamente que así lo hace?

                Para empezar, podríamos decir que la realización personal de cada potencialidad debería ser lo más importante, pero ¿dentro o fuera de los límites establecidos en cada cultura? Me refiero a lo que yo pueda llegar a ser, o a lo que la cultura predominante me dice que debo ser.

                No solamente eso, como animales sociales necesitamos el contacto con los/as demás, ¿depende también nuestra forma de relacionarnos con cómo nos han adoctrinado en cada lugar? ¿puede una relación ser sana, si es impuesta la forma de vivirla y sentirla? En nuestra sociedad, concretamente, donde predomina la competitividad y la avaricia, ¿no nos faltará algo, que nos impida tener relaciones con las demás personas y los demás animales de manera saludable?

                Por otra parte, si nuestras creencias están moldeadas, en esta, nuestra cultura capitalista, en la que se da más valor al tener que al ser, ¿podemos negar que, aunque fuera solamente eso lo que nuestra cultura nos dicta, es un modo de opresión?

                Como consecuencia, el arte, que podría ser la manifestación más profunda de nuestro ser, también esta corrompido, reduciéndose a lo comprable y lo vendible, nos dificulta la comprensión de la realidad por ser reducido culturalmente a mercancías a manos de mecenas sin escrúpulos.

                Al depender el conocimiento que adquiramos de los patrones culturales, también es éste deformado y limitado; así como nuestros hábitos y capacidades. No solo nos “dejamos” manipular, sino que ensalzamos esos valores. En una sociedad en la que la figura de Dios pierde peso, ahora, lejos de decir que el nuevo Dios es el dinero, podemos afirmar que lo es la cultura; que reduce cualquier tipo de manifestación a una expresión económica, y que llega a moldear hasta nuestros sueños, convirtiéndolos en ajenos, cuando deberían provenir de nuestra individualidad real y no deformada.

                Afortunadamente la cultura no tiene por qué ser estática, sino que podría ser dinámica y encontrarse en continuo movimiento, en busca de un equilibrio constante que no se reduzca a la obediencia ciega. Dependerá del uso que le demos a la Filosofía, seamos o no expertos en ella (lo que no considero necesario, sino algo innato que es ejercitable). Dependerá del uso que hagamos de un pensamiento crítico, que ni la cultura, ni los patrones establecidos nos enseñarán. Por eso es importante cuestionarse todo cuanto sea posible, especialmente las relaciones de poder; para evitar, en la medida de lo posible, que deformen nuestra existencia. Para poder vivir, y elegir, mientras estemos vivas.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Artículos

Colaboraciones con Microfilosofía


¿Qué es el amor hoy en día?
https://www.microfilosofia.com/2021/02/que-es-el-amor-hoy-en-dia.html


Cómo encontrar tu propósito en la vida
https://www.microfilosofia.com/2020/12/como-encontrar-tu-proposito-en-la-vida.html?m=1



Sobre la verdad y la desobediencia
https://www.microfilosofia.com/2020/11/sobre-la-verdad-y-la-desobediencia.html?m=1&s=09



ELOGIO AL BOICOT
https://www.microfilosofia.com/2020/09/elogio-al-boicot.html



El cuerdismo en una sociedad enferma

https://www.microfilosofia.com/2020/07/el-cuerdismo-en-una-sociedad-enferma.html



La tiranía del especismo

https://www.microfilosofia.com/2020/07/la-tirania-del-especismo.html



El pensamiento transhumanista

https://www.microfilosofia.com/2020/07/el-pensamiento-transhumanista.html



Otras colaboraciones

¿Vives o matas el tiempo?

https://magazine.imaginaciontalento.com/vives-o-matas-el-tiempo/


Sobre la necesidad de la Ética y los límites de la moralidad

https://filosofiaenlared.com/2021/01/sobre-la-necesidad-de-la-etica-y-los-limites-de-la-moralidad/

martes, 15 de septiembre de 2020

Los animales en la naturaleza, ¿lucha por la existencia o apoyo mutuo?

 

La conocida idea, introducida por Darwin y Wallace, de la lucha por la existencia como factor de la evolución, ha llegado a convertirse en la base de todas nuestras teorías fisiológicas, biológicas y sociales[1]. Sin embargo, “¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por el contrario, aquellos que se apoyan mutuamente?”[2]

                Darwin en su obra El origen del hombre mostraría que, en innumerables sociedades animales, dicha lucha es reemplazada por la cooperación. La cooperación será quien nos conduzca al desarrollo de las facultades intelectuales y de las cualidades morales, asegurándonos mejores oportunidades para sobrevivir y perpetuar. Señalo también, que no son más aptos, entonces, aquellos físicamente más fuertes o hábiles; sino aquellos que más se unen y apoyan los unos a los otros. ¡Qué casualidad que estas observaciones pasaran inadvertidas! La mayoría de los seguidores de Darwin, llevaron la idea de la lucha por la existencia a sus límites más estrechos:

“Empezaron a representar el mundo de los animales como un cúmulo de luchas ininterrumpidas entre seres eternamente hambrientos y ávidos de la sangre de sus semejantes […] Elevaron por propia comodidad la lucha sin cuartel a la altura de principio biológico al cual el hombre debe subordinarse o de los contrario sucumbirá en este mundo basado en el exterminio mutuo”[3]

                Kropotkin nos muestra como los animales que practican el apoyo mutuo resultan los más aptos, teniendo más posibilidades de sobrevivir tanto individual, como colectivamente; y alcanzando el más alto grado de desarrollo mental y de organización física. Según nos explica Kropotkin, la ayuda mutua como factor de la evolución (como condición de desarrollo general) tiene mayor importancia porque “facilita el desarrollo de las costumbres y caracteres que aseguran el sostenimiento y el desarrollo máximo de la especie junto con el máximo bienestar y goce de la vida para cada individuo y, al mismo tiempo, con el mínimo de desgaste inútil de energías y fuerzas.”[4]

                Algo que podría sorprendernos, sería entender que, en las regiones escasamente habitadas por el ser humano, hay más abundancia de casos de ayuda mutua por parte de los animales. “En gran cantidad de subdivisiones del reino animal, la ayuda mutua es la regla general”.[5] Si nos ayudamos de Forel para poner el ejemplo de las hormigas, veremos que, las hormigas están obligadas a compartir su alimento entre ellas:

                “Pero dos hormigas pertenecientes al mismo hormiguero, o a la misma colonia de hormigueros, siempre que se aproximan, cambian algunos movimientos de antena y si una de ellas está hambrienta o siente sed, y muy especialmente si en ese momento la otra tiene el estómago lleno, inmediatamente le pide alimento. La hormiga a la cual se dirigió la demanda nunca rehúsa: separa sus mandíbulas, y situando a su cuerpo en la posición conveniente deja escapar una gota de líquido transparente que la hormiga hambrienta sorbe. La devolución de alimentos para nutrir a otros es un rasgo tan importante de la vida de la hormiga (en libertad) […] Si una hormiga con el estómago lleno se mostrase tan egoísta que rehusara alimento a una camarada, sería tratada como una enemiga o algo peor.”[6]

                Hay especies que cuyos miembros llevan una vida solitaria en regiones densamente pobladas, mientras que esas mismas especies viven en rebaños en lugares no habitados por el ser humano. Kropoktin nos describirá a los “más aptos” como a los animales más sociables, reconociendo la sociabilidad como el factor principal de la evolución progresiva. La vida es lucha, dirá este autor, pero no como la propuesta por Darwin en el origen de las especies, donde plantea la verdadera competencia, la lucha dentro de cada grupo animal. A Darwin y, a los demás naturalistas, les preocupaba el problema de ausencia de las formas intermedias, planteando Darwin como solución la idea del exterminio. Como Wallace mostró en un párrafo sobre la divergencia de los caracteres, “el principio de la nueva variedad puede ser la formación de nuevas costumbres, la migración a nuevos lugares de residencia y la transición a nuevas formas de alimentación.”[7] Como dirá Kropotkin, en estos casos no ocurre ningún exterminio y tampoco competencia, sirviendo la nueva adaptación para “suavizar la competencia allí donde existiese”.

                “Pero si la evolución del mundo animal estuviera basada exclusivamente, o aun preferentemente, en la supervivencia de los más aptos en periodos de calamidades, si la selección natural estuviera limitada en su acción a los periodos de sequía excepcional, cambios bruscos de temperatura o inundaciones, entonces la regla general en el mundo animal sería la regresión y no el progreso. […] Por fortuna, la competencia no es la regla general ni en el mundo animal ni en la humanidad. Se limita, entre los animales, a periodos excepcionales. […] La ayuda y el apoyo mutuos crean mejores condiciones para la selección progresiva por medio de la eliminación de la competencia.”[8]

                


“¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua! Es el medio más justo para garantizar la seguridad máxima tanto para cada uno en particular como para todos en general; es la mejor garantía para la existencia y el progreso físico, intelectual y moral”[9]



[1] Kropotkin, Piotr. El apoyo mutuo. Un factor de la evolución. Pepitas ed. Logroño. 2020. Páginas 29-111.

[2] Op. Cit. Página 34.

[3] Op. Cit. Página 32.

[4] Op. Cit. Página 34-35.

[5] Op. Cit. Página 38.

[6] Op. Cit. Páginas 41-42.

[7] Op. Cit. Página 99.

[8] Op. Cit. Páginas 108-109.

[9] Op. Cit. Página 111.

jueves, 20 de agosto de 2020

No querer colaborar

 

           




Cuando sientes que no hay partido político que te represente.

Cuando se venden armas como si fueran caramelos y se obliga a menores y a adultos a asesinar.

Cuando con tu consumo financias explotación y miseria humana y animal.

Cuando dedicarte a algo por vocación es prácticamente imposible.

Cuando la sumisión y el miedo dominan el mundo.

Cuando los estigmas y prejuicios dominan a la razón.

Cuando estudiar es un lujo y el trabajo una cárcel.

Cuando las relaciones están condicionadas por intereses y no movidas por la solidaridad.

Cuando ni tu cuerpo ni tu pensamiento son propios, teniendo que ajustarse a los criterios de normalidad.

Cuando pierdes la motivación porque han anulado tu creatividad.

Cuando las crisis económicas son estrategias, y las personales impotencia.

Cuando las etiquetas pretenden decirte quien eres.

Cuando opinar es un delito y la comunicación manipulación.

Cuando la violencia se aprende mejor que el abecedario.

Cuando no has elegido como vivir y, finalmente, te mueres.

Cuando la única salida que encuentran muchas personas es el suicidio.

Cuando te destruyes a ti misma y al planeta.

Cuando se llama plaga a otras vidas.

Cuando mueren personas en busca de un futuro mejor.

Cuando el amor es un negocio y no una realidad.

Cuando miramos a alguien y solo buscamos defectos.

Cuando competir es una norma y colaborar una excepción.

Cuando tiramos comida y alguien se muere de hambre.

Cuando la propiedad solo beneficia a unos pocos.

Cuando defendemos ideas que nos perjudican y formamos parte de lo que nos destruye.

Cuando preferimos una venda a una verdad incómoda.

Cuando somos cómplices de colaborar con el egoísmo.

Cuando la paz y el respeto son utopías.

Cuando pensamos que una utopía no puede hacerse realidad.

Cuando no estás conforme con todo esto y con más.

Cuando no quieres colaborar, ¿dónde te metes?

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